Eje Sur/Víctor Hugo Martínez
En las últimas semanas han aparecido misteriosamente en avenidas primarias y secundarias, pero también en las calles de las colonias, acosan a los peatones, pero también a los automovilistas, usuarios del transporte, a la mayoría de los habitantes de Tampico y Madero, en general de la zona sur, y parece han llegado para quedarse.
Así se han manifestado los brotes, escurrimientos de agua y socavones que desquician la cotidianidad de la ciudadanía, arterias con ligeras inundaciones que aumentan el riesgo de accidentes de tránsito. Pero los que más sufren son las personas que se desplazan a pie a dejar a sus hijos a las escuelas, o acuden al trabajo e incluso los estudiantes, todos tienen que lidiar con su presencia.
Así funciona la Cobros Onerosos Mala Administración Pérdida de Agua (COMAPA), el organismo operador del recurso hídrico para la zona.
La estrategia de la Comisión Municipal de Agua Potable y Alcantarillado y los Ayuntamientos de Tampico y Ciudad Madero, además del Gobierno del Estado para atender la epidemia de escurrimientos y socavones es, en sí misma, una pieza de cinismo administrativo.
El reporte de los trabajos de rehabilitación del sistema, habla de la existencia de 231 hundimientos, un número que pinta la verdadera crisis de infraestructura de la zona sur. Sin embargo, en lugar de asumir la responsabilidad total de esta catástrofe que desquicia el tráfico y pone en riesgo a la ciudadanía, la parte oficial se aferra a un par de excusas históricas.
Excusa Geográfica
El primer argumento es casi poético: el origen del problema se asocia a «filtraciones de humedad en el subsuelo, derivadas de la presencia de ríos, lagunas y la cercanía con el mar». Esta justificación es un insulto a la inteligencia, pues la geografía de la zona sur (ríos, lagunas y mar) no es un fenómeno recién descubierto. Esos sistemas acuíferos han sido una constante desde hace siglos.
Si la presencia de agua es la causa del colapso, significa que jamás se ha invertido en la ingeniería adecuada para una región costera y lacustre.
El segundo pretexto recurrente es la antigüedad de la infraestructura y la «falta de mantenimiento integral por décadas». Este argumento es la forma favorita de la administración actual para no asumir el costo político y económico de su negligencia.
Es la clásica excusa de echar la culpa al pasado sin reconocer que la falta de visión y la nula planeación que han llevado a la COMAPA a ser una entidad de Cobros Onerosos, Mala Administración y Pérdida de Agua, también es parte de su responsabilidad actual.
Anunciar un «equipo de trabajo» entre los tres niveles de gobierno para «diagnosticar, reparar y estabilizar» es la promesa de siempre: más burocracia para atender una emergencia que ya debería estar resuelta con el dinero que se paga.
La ciudadanía no necesita otro diagnóstico, necesita ver los hundimientos restantes atendidos y la garantía de que el siguiente recibo oneroso servirá para un fin distinto al de pagar pretextos.
