Diciembre arde con agua y en el campo

Eje Sur/Víctor Hugo Martínez

Diciembre no suele incendiarse con fuego. Arde de otra manera: con agua que se va y con campos que se secan. En el noreste del país, el fuego es silencioso, corre por los canales, baja por las compuertas y deja ceniza donde antes hubo siembra.

En apenas tres días, la extracción de la Presa Marte R. Gómez se triplicó. De 10 mil litros por segundo —un ritmo sostenido durante casi seis meses— pasó primero a 20 mil y luego a 30 mil litros por segundo. No hubo explicación. No hubo comunicado. Sólo el dato frío en los reportes diarios de la Conagua.

El agua desaparece por burocracia.

Ante los reclamos del presidente Donald Trump, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum se comprometió a entregar 249 millones de metros cúbicos antes del 31 de enero. Se dijo cuánto. No se dijo de dónde. 

Cuando no se dice de dónde saldrá, empieza a salir sola.

Mientras el agua corre, el campo se planta. Este miércoles, agricultores de prácticamente todo Tamaulipas saldrán a concentrarse en puntos estratégicos: carreteras, bodegas, campos experimentales. Río Bravo, Valle Hermoso, Matamoros, Reynosa, la Ribereña, San Fernando, el sur del estado. 

No es una protesta aislada ni un berrinche coyuntural. Es un mapa completo del abandono.

Las movilizaciones responden a una sola constante: la falta de interés del Gobierno Federal para atender la problemática del campo. No es una frase retórica; es una conclusión empírica. No hay respuestas, no hay interlocución efectiva, no hay señales de que el campo esté en la agenda cuando no estorba a un compromiso internacional.

Y ahí está la grieta que quema: el contraste brutal entre la diligencia con la que se atiende una exigencia externa y la parsimonia con la que se administra la crisis interna. Para cumplir con Estados Unidos hay prisa, extracción, decisión. Para el productor mexicano hay espera, mesas, paciencia… y desgaste.

El agua se va para apagar un incendio diplomático mientras el campo se incendia por abandono. Y en medio, un gobierno que guarda silencio, como si explicar fuera opcional y gobernar consistiera sólo en cumplir, no en equilibrar.

Es necesario hablar de transparencia, planeación y sensibilidad. Decir de dónde saldrá el agua. quién asumirá el costo. Cuánto tiempo puede sostenerse esta extracción sin comprometer el futuro inmediato de regiones enteras.

Diciembre arde. No hay humo, pero hay señales. El agua corre rápido. El enojo también. Y el silencio del poder, lejos de apagar el incendio, lo alimenta.

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