Comapa Sur y su lastre político

Eje Sur/Víctor Hugo Martínez

En Comapa Sur el problema dejó de ser técnico hace rato. Ya no es presión, color o frecuencia. Es enojo. Y el enojo, cuando se acumula, siempre termina tocando la puerta del poder.

Por eso el levantamiento de la encuesta resulta más revelador por lo que no dice que por lo que pregunta. 

Porque ni siquiera quienes la aplican parecen convencidos de que el resultado alcance para presumirse. 

El termómetro marca 4 de 10. No como estadística. Como sensación. Como clima. Como advertencia.

Cuatro es reprobado para un gobierno; frío para una promesa; peligroso rumbo a una elección.

La paradoja es evidente: se mide, se mide y se vuelve a medir… pero no se corrige. 

El ciudadano responde, se queja, se enoja, vuelve a responder. Y al final, cuando se le pregunta qué haría si todo sigue igual, la respuesta es demoledora por simple: nada, porque no va a cambiar nada.

Ahí está el verdadero diagnóstico.

El ejercicio confirma lo que ya se escucha en la calle: Comapa Sur dejó de ser un organismo operador para convertirse en un lastre político. 

El malestar por el agua ya no se queda en la llave, se filtra a la boleta. 

Y en el camino salpica a todos: Presidencia de México, Gobierno de Tamaulipas y Tampico, todos pintados de Morena.

La desaprobación no se explica sola, pero sí se conecta.

La escena más potente no es la pregunta. Es la botella. Agua tomada directo de la llave, encerrada en plástico transparente. 

Discurso institucional de un lado; líquido turbio del otro. La contradicción cabe en 350 mililitros.

Por eso el “4” importa. No por bajo, sino por simbólico. Porque es el punto en el que el gobierno empieza a preguntarse si el costo político ya supera al margen de maniobra. 

Y cuando eso ocurre, aparecen los rumores: ajustes, enroques, cambios “técnicos” que en realidad son políticos y que es lo que algunos sectores, incluidos los del partido en el poder, piden en secreto y a corto plazo.

La pregunta incómoda no es qué dice la encuesta.

La pregunta es: ¿qué van a hacer con lo que ya saben?

Porque medir el enojo sin atenderlo no lo disuelve.

Lo concentra.

Y el agua, cuando se estanca, siempre huele mal.

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