En el Día del Amor, el romance se vuelve operativo: las parejas oficiales y las furtivas apartan habitación, y la diversidad aparta prejuicios.
Todo mundo anda “muy ocupado”, como si el calendario dictara el deseo. Llegan las flores, disfraces, copas de vino y otros pensamientos hechos realidad… porque el amor también se mide en silencios, coartadas y mensajes borrados.
El 14 no inventa el amor, pero sí lo exhibe: entre mito y realidad, se convierte en espejo de lo que somos y de lo que fingimos ser. Este día se celebra el cariño… aunque a veces lo que más se festeja es la adrenalina de lo prohibido, pero también revivir pasiones y deseos perdidos y la eterna necesidad humana de no pasar la noche solos.
