Eje Sur/Víctor Hugo Martínez
A lo largo de la historia humana siempre ha existido la dualidad: el bien y el mal, el héroe y el villano, el redentor y el culpable. No es casualidad; es estructura narrativa.
Desde la religión hasta los cómics, la figura del némesis justifica la existencia del protagonista. Sin antagonista no hay tensión. Sin adversario no hay épica.
La política no escapa a esa lógica. Necesita contraste. Necesita pasado que superar, enemigo que señalar.
A nivel nacional, durante los años de la transformación, Felipe Calderón ha sido el símbolo de lo que debe erradicarse. En Tamaulipas, ese papel lo ocupa el ex gobernador panista, Francisco Javier García Cabeza de Vaca.
Su nombre aparece con frecuencia y su sombra -aun desde el extranjero- permanece en el discurso público de Morena.
De manera cíclica resurgen versiones sobre su situación jurídica: pérdida de fuero, procesos abiertos, incluso señalamientos sobre su nacionalidad. Más allá del fondo legal, esas referencias mantienen viva la figura del antagonista.
Conviene aclararlo: no se trata de absolver a nadie. Si existen procesos legales, deben seguir su curso institucional. El punto no es jurídico; es político.
¿Qué ocurriría si políticamente Cabeza de Vaca no existiera? ¿Cómo se explicarían los rezagos, las crisis estructurales, los pendientes que siguen marcando agenda? ¿Hasta cuándo el pasado puede seguir funcionando como explicación suficiente del presente?.
Todo gobierno necesita identidad, y una forma de construirla es contrastándose con lo anterior.
El problema surge cuando el contraste se vuelve permanente y el antagonista se convierte en argumento recurrente.
La narrativa puede cohesionar en el corto plazo, pero también puede desgastarse cuando no va acompañada de resultados tangibles.
Sin embargo, conforme pasan los años, la sociedad comienza a exigir menos relato y más eficacia. El tiempo reduce el margen para culpar al pasado y amplía la responsabilidad del presente.
La cuestión de fondo no es un nombre propio.
Es si un proyecto político puede sostenerse indefinidamente sobre la sombra del adversario o si, llegado el momento, tendrá que responder únicamente por su propio desempeño.
Ese es el verdadero pendiente.
