Eje Sur/Víctor Hugo Martínez
En México las decisiones públicas suelen anunciarse desde el escritorio, pero terminan pagándose en la sala de la casa, en el bolsillo de los padres y en el cansancio silencioso de los abuelos.
La modificación del calendario escolar que afectará a 32 millones de estudiantes y el anuncio de un periodo vacacional que rondará los tres meses a partir del 5 de junio, no solo abre un debate educativo.
Abre uno social, económico y hasta familiar.
Porque mientras la autoridad habla del calor extremo y de los ajustes derivados del Mundial 2026, millones de familias hacen una pregunta mucho más simple y mucho más cruda: ¿y ahora quién va a educar y cuidar a los hijos?
El argumento climático tiene lógica en ciertas regiones del país. Las temperaturas extremas son una realidad que golpea aulas sin clima, techos improvisados y escuelas abandonadas por años.
Nadie sensato podría negar ese problema. También es entendible que ciudades sede del Mundial como Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México requieran ajustes logísticos extraordinarios.
El problema aparece cuando una circunstancia focalizada termina convertida en una medida nacional.
Porque mientras el gobierno presume sensibilidad y adaptación, muchas familias comienzan a hacer cuentas. Cursos de verano, guarderías, cuidados externos, transporte, alimentos y tiempo. Mucho tiempo.
Tiempo que alguien tendrá que absorber. Y en México, casi siempre, ese alguien termina siendo la familia misma.
Los padres que trabajan jornadas completas difícilmente podrán quedarse tres meses en casa. Muchos no tienen vacaciones suficientes, otros no cuentan con redes de apoyo y miles simplemente no tienen dinero para pagar actividades privadas.
Entonces el peso vuelve a recaer en los abuelos, en hermanos mayores o en la improvisación cotidiana que tantas veces sostiene al país cuando las políticas públicas no alcanzan.
Y todo esto ocurre mientras México arrastra un rezago educativo severo. La pandemia dejó generaciones enteras con problemas de comprensión lectora, matemáticas y aprendizaje básico. Hay escuelas donde junio y julio ya operan a medias, sí, pero precisamente por eso sorprende que la respuesta institucional parezca ser reducir aún más el tiempo escolar en lugar de fortalecerlo.
En México la escuela ya no solo educa, también funciona como guardería, comedor, espacio de contención y soporte social.
Y cuando esa estructura se detiene durante meses, no solo se pausa el aprendizaje. También se desordena la vida de millones de familias.
