El álbum que nadie quiere completar

Eje Sur/Víctor Hugo Martínez

Pensar en la Copa del Mundo 2026 remite inevitablemente a la fiesta alrededor del fútbol, las pantallas encendidas y los álbumes de estampitas. Pero en Reynosa se juega otro Mundial: el de las madres y familias que integran el colectivo Amor por los Desaparecidos en Tamaulipas.

Ellas disputan cada día un partido mucho más cruel: el de encontrar a quienes un día salieron de casa y nunca volvieron. Por ello, a través de la campaña «Menos Mundial, más identificaciones», buscan despertar un mayor compromiso de las autoridades y la conciencia de una sociedad inmersa en un entorno cada vez más polarizado.

Mientras en otras partes de México se intercambian estampitas, en la fronteriza ciudad tamaulipeca las integrantes de la organización adaptaron esas mismas figuras con los rostros, nombres, fechas y lugares de desaparición de sus familiares, convirtiendo un símbolo de fiesta en un recordatorio de la ausencia y en una exigencia de respuestas.

En varios estados del país aún hay hogares con un álbum personal sin completar y todo esto ocurre ante la indolencia y omisión denunciada públicamente por los colectivos. No faltan jugadores, escudos ni ediciones especiales. Faltan hijos, esposos, hermanas, padres y amigos. Faltan abrazos. Faltan respuestas.

«El balón regresa a casa, ¿y nuestros desaparecidos cuándo?», cuestionan. 

La frase retoma el lenguaje mundialista, pero a diferencia de los slogans protegidos por contratos, marcas registradas y derechos de autor, fue concebida para multiplicarse. Para aparecer en perfiles de redes sociales, en pancartas improvisadas, en semáforos y plazas públicas. 

Para incomodar y recordar que detrás de cada cifra hay una historia interrumpida.

Y quizá ahí radique la grandeza y la tragedia de esta campaña. 

No pretende arrebatarle a nadie la alegría de un gol ni condenar la pasión que despierta el fútbol. Tampoco exige apagar televisores o guardar los álbumes. Lo único que pide es que, entre la euforia colectiva y el siguiente partido, exista un espacio para mirar hacia quienes siguen esperando.

Porque México también es eso: un país capaz de celebrar un triunfo de la Selección y, al mismo tiempo, cargar con la incertidumbre de miles de familias que desconocen el paradero de sus seres queridos.

Al final, los campeones levantarán una copa, los estadios apagarán sus luces y las estampitas terminarán guardadas en algún cajón. 

Para las madres buscadoras, en cambio, no habrá ceremonia de clausura ni silbatazo final. Hasta encontrarlos, su Mundial continuará jugándose todos los días.

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