El Correcaminos, Chelís y la memoria selectiva

Eje Sur/Víctor Hugo Martínez

Mientras en Tamaulipas vuelve la ilusión por el regreso del Correcaminos a Primera División, las declaraciones de José Luis Sánchez Solá, “Chelís”, abren una discusión que debería interesar mucho más allá de las canchas.

El exentrenador recordó que en 2012 fue llevado al equipo por el gobierno de Egidio Torre Cantú. Pero fue otra parte de su relato la que debería provocar preguntas:

“Lo único que querían que la población hablara de fútbol y que dejara de hablar de la problemática que tenía la violencia”.

El fútbol habría sido utilizado desde el poder como una herramienta para distraer la atención de una realidad que entonces golpeaba a Ciudad Victoria y a todo el estado.

El Congreso de Tamaulipas, con Morena como mayoría, pero también con el PAN, el PRI, y los partidos satélites del oficialismo, tiene la responsabilidad de pedir explicaciones.

¿Quién contrató a Chelís? ¿Quién autorizó su sueldo? ¿Con qué recursos se pagó? ¿Qué significaba aquella “cartela abierta” que mencionó? ¿Quién decidió construir un gimnasio en tres semanas?.

Y hay una pregunta todavía más concreta: Chelís aseguró que Egidio Torre Cantú compró una acción del Club Campestre para que pudiera jugar golf. ¿La pagó el gobernador de su bolsillo o se utilizaron recursos públicos?.

Son preguntas que pueden responderse con documentos.

Y aquí aparece la UAT.

El Correcaminos forma parte de la estructura universitaria y su historia está inevitablemente ligada a los recursos y decisiones de una institución pública. 

Por eso resulta pertinente preguntar cuánto dinero público se destinó al equipo en aquella época y bajo qué mecanismos se ejerció, esos mismos cuestionamientos se deben aplicar actualmente.

La pregunta adquiere una dimensión política adicional porque hoy la UAT es encabezada por Dámaso Anaya Alvarado, primo del gobernador Américo Villarreal Anaya. 

Transparentar el dinero público no puede depender del partido que gobierna ni del parentesco de quienes están al frente de las instituciones.

El PRI gobernaba cuando llegó Chelís. Morena gobierna ahora. Los funcionarios son transitorios; las instituciones permanecen.

Y si durante años la relación entre la UAT, los gobiernos y el Correcaminos ha estado rodeada de opacidad o de preguntas sin respuesta, este sería un buen momento para abrir los archivos y revisar las cuentas.

Porque la Cuarta Transformación suele mirar al pasado para encontrar responsabilidades.

Esta vez también podría mirar hacia la UAT.

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