El camino guinda del próximo Fiscal Anticorrupción

Eje Sur/Víctor Hugo Martínez

En El Mago de Oz, cuando Dorothy y sus amigos -el Espantapájaros, el León y el Hombre de Hojalata- recorren el camino de baldosas amarillas, emprenden un viaje de transformación. Buscan cerebro, valor y corazón. 

Al final descubren que siempre los tuvieron.

Ese paralelismo podría aplicarse a Andrés Norberto García Repper Favila, virtual Fiscal Anticorrupción de Tamaulipas, aunque su ruta es menos escabrosa, más recta y de un color guinda que no admite matices.

A diferencia de Dorothy, García Repper no llega al final del camino tras vencer tormentas, brujas o dudas internas. 

Su trayecto ha sido más cómodo: cercanía política, lealtades claras y premios administrativos tras derrotas electorales. No hay ciclón que lo saque de Tamaulipas; hay estructura que lo acompaña hasta la meta.

Tras perder la pasada elección judicial -acordeón incluido-, no llegó el retiro ni la reflexión, sino el acomodo. 

Primero en el Supremo Tribunal de Justicia del Estado; ahora, con Morena controlando el Congreso, su nombre avanza con paso firme hacia la Fiscalía Anticorrupción. No es casualidad: es continuidad.

Los hechos están documentados. Representó a Américo Villarreal en debates, fue operador electoral de Morena ante el IETAM, participó en comités de evaluación judicial y mantiene cercanía con figuras clave del oficialismo. 

Todo legítimo en la arena política. El problema no es ese. El problema es otro.

La pregunta incómoda no es si cumple requisitos, sino si puede -o quiere- contradecir a quien lo impulsó.

¿Puede un fiscal anticorrupción investigar con rigor a un sistema del que forma parte?

¿Puede garantizar imparcialidad cuando su carrera pública ha estado ligada al mismo poder que deberá auditar?

La ciudadanía no exige santos, exige contrapesos (tan ausentes en tiempo de la transformación). No pide milagros, pide distancia. 

Y aquí no hay camino amarillo que lleve a la autonomía: hay una línea recta entre el poder político y el cargo que debería vigilarlo.

La corrupción no se combate con discursos ni con trayectorias alineadas. Se combate con independencia real, incluso incómoda.

Porque si el fiscal llega sin posturas críticas, sin valor para incomodar y sin corazón para entender el hartazgo ciudadano, entonces no estamos ante un viaje de transformación.

Estamos, otra vez, frente a una puesta en escena donde el mago sigue detrás de la cortina… y nadie se atreve a correrla.

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