La política del «deslinde»: El Verde y el costo del pragmatismo

Eje Sur/Víctor Hugo Martínez

La escena política en Tamaulipas ha entrado en un terreno complicado tras las declaraciones de Mario López Hernández, «La Borrega». 

El diputado federal ha lanzado acusaciones públicas que tocan la médula del sistema político estatal y nacional, vinculando directamente al gobernador Américo Villarreal Anaya, al exdirigente de Morena, Mario Delgado, y a una lista de funcionarios y alcaldes con presuntas redes de tráfico de combustible. 

Ante estas afirmaciones, la respuesta del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), a través de su dirigente en la entidad tamaulipeca, Manuel Muñoz, no se hizo esperar, aunque su forma de reaccionar dice más por lo que calla que por lo que comunica.

El deslinde del PVEM es un ejercicio de pragmatismo puro. 

Al calificar a López Hernández como un «candidato prestado», el Verde no solo intenta sacudirse la responsabilidad política de las acusaciones, sino que exhibe la naturaleza de su alianza: un acuerdo de conveniencia donde las identidades partidistas son intercambiables según la necesidad del poder. 

Este reconocimiento de «préstamo» de cuadros políticos deja al descubierto una simulación administrativa donde el Verde opera como un satélite que, ante la crisis, prefiere sacrificar al mensajero para no hundirse con el mensaje.

Llama la atención el vacío retórico en el comunicado del PVEM. 

Mientras cierran filas de manera explícita con la presidenta Claudia Sheinbaum, el nombre del gobernador Américo Villarreal brilla por su ausencia en el respaldo institucional. 

Este silencio expone una fisura en los intereses políticos locales; el Verde se amarra el dedo antes de la herida, enviando una señal de que su lealtad tiene límites geográficos y que, frente a la gravedad de los señalamientos de «huachicol», prefieren la seguridad de la línea nacional.

La lista de implicados -que incluye a Adriana Lozano, Héctor Villegas, Erasmo González, Carmen Lilia Cantú Rosas, Eduardo Gattás y Olga Sosa- queda ahora en medio de un fuego cruzado donde la carga de la prueba ha sido devuelta al denunciante. 

Sin embargo, más allá de la veracidad de los hechos, lo que queda de manifiesto es la fragilidad de las alianzas cuando la transparencia es cuestionada. 

En esta cínica realidad, el deslinde del Verde no es un acto de ética, sino una maniobra de supervivencia para evitar que los trascendidos públicos terminen por calcinar su estructura satelital.

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