Mientras millones de aficionados hacen sus propios pronósticos para el partido entre México e Inglaterra, la inteligencia artificial también se ha convertido en protagonista de la conversación mundialista con simulaciones, análisis estadísticos y escenarios sobre quién avanzará a los cuartos de final.
Uno de esos ejercicios fue realizado mediante ChatGPT, cuyo análisis proyecta un partido sumamente equilibrado entre ambas selecciones. De acuerdo con la estimación, el encuentro terminaría empatado 1-1 en los 90 minutos y México tendría mayores probabilidades de avanzar durante los tiempos extra.
El modelo considera que la Selección Mexicana llega fortalecida tras sumar cuatro victorias consecutivas, mantener su portería imbatida durante todo el torneo y romper, con el triunfo sobre Ecuador, una sequía de cuatro décadas sin ganar un partido de eliminación directa en una Copa del Mundo.
En su proyección, ChatGPT estima un 36 por ciento de probabilidad de que el encuentro se extienda a tiempos extra, un 34 por ciento de que México gane durante el tiempo reglamentario y un 30 por ciento de que Inglaterra consiga el triunfo en los 90 minutos.
Entre los factores que favorecen al conjunto dirigido por Javier Aguirre aparecen la solidez defensiva, el momento futbolístico que atraviesa el equipo y la ventaja de disputar el encuentro en el Estadio Azteca, donde la altitud y el respaldo de la afición suelen convertirse en un factor adicional.
El análisis también advierte que Inglaterra mantiene una plantilla de mayor valor individual y profundidad, aunque considera que el equipo europeo no ha mostrado un dominio absoluto durante el torneo.
Sin embargo, la propia historia del futbol demuestra que ninguna inteligencia artificial puede anticipar con certeza el resultado de un partido.
Hace apenas unos días, un modelo matemático colocaba a Países Bajos como principal candidato para conquistar la Copa del Mundo. La predicción quedó descartada cuando la selección neerlandesa fue eliminada por Marruecos en la tanda de penales.
La razón es sencilla: las inteligencias artificiales no adivinan el futuro. Procesan millones de datos, estadísticas, rendimiento reciente, historial entre selecciones y probabilidades para construir escenarios con mayor posibilidad de ocurrir. Pero un rebote, una expulsión, un penal fallado o un gol en tiempo de compensación pueden cambiar por completo cualquier pronóstico.
Por eso, aunque los algoritmos ya también juegan su propio Mundial, la última palabra seguirá estando en el balón.
